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Es hat den Mythos verbreitet, dass die Deutschen “bombardierten London” und nur der britische Gegenangriff deutscher Städte dem Erdboden gleichgemacht. Der allgemeine Rahmen der Auslegung der deutschen Schuld considáse nahezu unbestrittene Sache. Über diese sollte geklärt werden: 1 / bombardierten die Briten Berlin und Dutzenden von deutschen Städten vor den Deutschen bombardierten London und Coventry als Vergeltung, und diese sind, die vollständig bewiesen, dass selbst die englischen Historiker bestreiten dies, obwohl die Presse, Literatur und Film gewohnt zu den üblichen Fabeln spielen exoneradoras, 2 / die Briten haben nicht nur Städte zu bombardieren, sondern, nach einem Plan erdacht und Kriege, suchte die Massenvernichtung von Zivilisten und gestaltet ihre Auftritte, auch in Bezug auf die Waffen Engineering, zu diesem Zweck, während die Deutschen in 1940 und 1941, wenn sie als Reaktion auf britische Angriffe gehandelt hat, verwendet sie konventionelle Waffen zu Einrichtungen zu zerstören, um nicht zu verbrennen lebendig in ihren Häusern, um Millionen von Zivilisten.

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Hace miles de años en Esparta se  creó y organizó una formación militar y estilo de hacer la guerra que ha servido de inspiración y modelo a muchas sociedades y ejércitos europeos: La Falange.

Sunday, 6 May 2012

Very early Jacob Schiff financed Russian Revolution call

“There was another outbreak of applause when Mr Schiff; introduced by the toastmaster as a “Russian Revolutionist,” …”
Just 34 days after the Nicholas II had abdicated during the February Revolution in Russia (which happened in March in the Gregorian calendar), John D. Moore, an Irish-American appeared before a House Judiciary Committee in Washington D.C., and stated that Jewish mega-banker Jacob H. Schiff had financed the Russian Revolution.

La experiencia nietzscheana aun no se encuentra agotada, en la medida en que ni siquiera ha comenzado todavía. Se encontrará ya seguramente agotada la caricatura estético-literaria de Nietzsche, condicionada por el tiempo, lo estará también la reducción biológico-naturalista de algunas partes de su enseñanza. Pero el valor que Nietzsche ha llevado heroicamente y con el precio de un sufrimiento sin nombre, a pesar de todo su ser que se sublevaba y cedía hasta que, sin un lamento, luego de haber dado todo, se derrumbó. Este valor que se encuentra más allá de su “filosofía”, más allá de su humanidad, más allá de él mismo, idéntico a un significado cósmico, reflejo de una fuerza eónica —el hvarenô y el fuego terrible de las iniciaciones solares— este valor espera todavía ser comprendido y asumido por los contemporáneos. Ya en el mismo se encuentra la alarma, la apelación al disgusto, al despertar y a la gran lucha: aquella en la cual —tal como dijéramos— se decidirá el destino de Occidente: el de caer en un crepúsculo o el de encaminarse hacia una nueva aurora.

  Liberando la doctrina de Nietzsche de su parte naturalista, reconociendo que el “superhombre” y la “voluntad de poder” sólo son verdaderas en tanto se las comprenda como valores suprabiológicos y, querríamos decir, sobrenaturales, entonces esta doctrina para muchos puede ser una vía a través de la cual se puede arribar al gran océano, al mundo de la universalidad solar de las grandes tradiciones nórdico-arias, desde cuya cumbre se impone el sentido de toda la miseria, de toda la irrelevancia y de toda la insignificancia de este mundo de encadenados y de poseídos.

  (…)

  Los valores nórdico-paganos son valores trascendentes, que reciben su verdadero sentido sólo desde lo interno de aquella concepción completa antimoderna y antieuropea que, en sus rasgos esenciales, ya hemos delineado. Pero los mismos también podrían constituir unos principios éticos, aptos mientras tanto para formar una base para una nueva educación y para un nuevo estilo de vida, libres de la hipocresía, de la vida y de las alucinaciones de las generaciones últimas.

 La experiencia pagana no es para nada una experiencia imposible y anacrónica desde cualquier punto de vista. ¿No sentimos acaso casi todos los días cómo el “paganismo” del mundo moderno es constatado y deplorado por los representantes de las religiones europeas? Este paganismo es en gran medida, es verdad, un paganismo imaginario: se trata de un mal en cuya raíz quien nos ha seguido hasta aquí sin dificultad puede reconocer a las fuerzas y a las condiciones que en su origen han alterado el mundo antiguo precristiano.

 Julius EVOLA, Imperialismo Pagano. Ediciones Heracles, año 2001. Págs. 117-118. Traducción del italiano y estudio preliminar a cargo de Marcos Ghio.■

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Nota de fuegofrio: Este post ha sido copiado con permiso del autor del blog

 El Mundo de Daorino:

http://www.mundodaorino.es/2012/05/evola-sobre-nietzsche-y-lo-pagano.html

Grass quizá ha empezado a despertar del gran sueño liberal de manipulación histórica que comienza con la Comisión Peel en la Primera Guerra Mundial: tiene que hacerlo porque le queda poco tiempo y la muerte, para las personas honestas, constituye un imperativo de dignidad y autenticidad. Abrir los ojos implica, en la situación de Grass, rememorar aquellos lejanos tiempos en que lució el uniforme de las Waffen SS, atreverse a romper el silencio cómplice que abona a los canallas de Wall Street y cuestionar el relato de una mera “maldad absoluta” del fascismo o presunta culpa colectiva ontológicamente inherente a la nacionalidad alemana, entender las circunstancias que llevaron a muchos alemanes a dar sus vidas por una tercera vía social entre el capitalismo liberal y la “barbarie comunista”, haz y envés de una misma concepción del mundo materialista, hedonista y “progresista”. Sólo por ese camino se puede llegar a la comprensión de que la culpa alemana no existió, de que no ha existido nunca más que en la propaganda occidental germanofóbica, muy anterior al holocausto. Que el surgimiento del fascismo europeo genérico tiene su “causa” en el holodomor, la cheka y el gulag, mientras que éstos, a su vez, remiten a los horrores del capitalismo liberal y del colonialismo. Que las causas del holocausto hay que buscarlas tanto en el judeobolchevismo cuanto en el plan de exterminio del pueblo alemán diseñado por las potencias occidentales filosionistas aliadas al genocida Stalin. El asesinato colectivo, por parte de EEUU, de los pueblos indios americanos no es el primer eslabón de la cadena causal que conduce a las Waffen SS (los alemanes como “indios” que no quisieron dejarse avasallar por occidente), el proceso es mucho más complejo, pero de lo que no cabe la menor duda es de que Alemania no puede ser declarada culpable mientras Inglaterra y EEUU conservan su honor sin mancilla y los genocidios comunistas se arrinconan en ese limbo de las maldades atenuadas en tanto que insoslayables imperativos al servicio del “buen fin general” (=los negocios de la bolsa y el racismo de la extrema derecha hebrea). Grass ha llegado a ese punto de libertad que da la edad en la que ya poco puede perderse. Todavía tienen menos que perder los que están siendo condenados a la ruina por los amos del dinero. En Grecia se suicidan los jubilados acusando al “fascismo” (¿qué otra cosa pueden hacer estos indignados programados por Stéphane Hessel?), pero poco tardarán en llevarse por delante a algún banquero o político a fin de no tener que visitar solos el “otro barrio”. Si cada víctima de eso que Benny Morris denomina “el buen fin general” decide que se acabó el fraude buenista y que quienes, seres de carne y hueso como nosotros, provocan la destrucción (en nombre del “bien”, de su bien), merecen a su vez ser destruidos, entonces tenemos las Waffen SS o su equivalente otra vez en circulación:
(…) 6 millones e de judíos fueron muertos y echados al vertedero de Europa por ser lo que eran: judíos de dinero… Los alemanes eran antisemitas y es por ello que ahora sostienen a la Fracción Armada del Ejército Rojo. No lo han reconocido todavía porque no han sido aún absueltos del fascismo y del asesinato de los judíos. Y no se les ha dicho todavía que el antisemitismo era en realidad el odio al capitalismo (Meinhof, Ulrike, “Gaceta General de Frankfurt”, 15 de diciembre de 1972).
No detecto por ningún lado, pese a que nunca he dejado de buscarlo, ese bellocino de oro filosófico (que podía haberme hecho rico):  la culpa alemana. Culpables serán quienes, de forma concreta e individual, asesinaron a civiles indefensos (de unos y otros haylos en ambos bandos), pero un soldado alemán que cumple con su deber en una guerra de exterminio contra su patria, en una guerra que fuera “la justificada aniquilación de los indios” (en este caso, de los “hunos”), no comete por ello delito alguno. Tampoco considero culpable a quien ejecute a un político responsable de “asesinatos selectivos“, por poner un ejemplo. Aquél que atente contra el presidente Barack Obama puede alegar que cumple con un deber cívico y moral, porque Obama es un criminal que ha ordenado y asistido en tiempo real, desde un cómodo sillón, al asesinato de un hombre que nunca fue juzgado ni declarado culpable: el derecho natural autoriza al ajusticiamiento del tirano cuando las instituciones legales han sido pervertidas por el poder, como es el caso. Otro tanto cabe afirmar de Netanyahu: ¿no ha asesinado Israel a físicos nucleares iraníes con total impunidad? Casi todos los políticos de la casta occidental, abyectos lacayos de la oligarquía transnacional, son cómplices, por activa o por pasiva, ya sea como responsables directos, ya en términos de banalización, justificación después del acto o enaltecimiento, de delitos imprescriptibles de genocidio. Son, además, responsables directos de la crisis económica, que pretenden hacer pagar a los ciudadanos. Pero si, además, estos políticos provocan la ruina de tu familia o te generan una enfermedad mortal como resultado de la miseria y el malvivir, ¿serás culpable al responderles llevando la justicia a sus propias casas como ellos han llevado el sufrimiento a la tuya? Dejo la respuesta en el aire…
En definitiva, hablemos de “culpa alemana”, a ver qué sucede. La Waffen SS no cayó del cielo. Fue efecto, no causa. Obra del occidente liberal capitalista, de las plutocracias de Londres, París y Nueva York; resultado de las ideas y pautas de conducta de jaurías de fariseos hipócritas y biempensantes asesinos de la misma calaña que los Morris, Obama, Huntington, Netahyahu, Bush, Aznar, Blair… Nosotros no negamos el holocausto, por mucho que se hayan exagerado las dimensiones, características y presunta “singularidad” del hecho, mitificado por la propaganda: se trata de explicar quiénes abrieron la caja de Pandora del horror genocida. Y no fueron los alemanes, precisamente. Si se buscan responsables, “culpables”, etc., quizá nos topemos con algunas sorpresas utilizando de modo imprudente pero creativo ciertas categorías del derecho como culpa, dolo, responsabilidad… Grass lo sabe ya. Ha dicho muy poco, comparado con lo que podría decir y, tal vez, quisiera decir pero calla. Somos nosotros, los lectores del poema, quienes hemos de cotejar aquello que escribiera Grass en 1999 con lo que ha escrito en 2012. El entero proceso de desvelamiento de la verdad que el decurso de la crisis ha significado para algunas de las propias mentes pensantes del sistema es un acto de conversión espiritual que no puede limitarse al orden de las creencias o conceptos puramente teóricos. Donde hay sangre y dolor, las palabras, en ocasiones, devienen ociosas. O elígese lo poético, esa protopalabra que vale como un gesto y se coloca en el plano de los hechos consumados. Es menester luchar contra la casta oligárquica con todas nuestras fuerzas; responder, golpe por golpe, a sus tropelías. El poema representa, adoptando el paradigma resistencial de Solzhenitsyn, un acto, una acción pacífica directa contra la casta oligárquica. Tales canallas -la historia ilustra nuestra afirmación- son capaces de todo. Seamos nosotros, por tanto, capaces de hacer justicia allí donde la legalidad burguesa se ha convertido en papel mojado. La política democrática es el único camino, porque nos permite modificar las leyes, esas mismas normas que, en la actualidad, convierten la brutalidad económica en coacción de los bancos a los ciudadanos promulgada “legítimamente” por un “gobierno democrático” (=testaferros de los propios bancos). Al final de la senda cívica revolucionaria nos espera así, no el “paraíso”, sino una nueva Ley, una justicia democrática de la Verdad, de la necesidad imperiosa (simétrica a aquella otra que  los oligarcas esgrimen para empujar a los jubilados contra el precipicio), la cual habrá de sentir hacia los políticos occidentales la misma compasión que ellos han sentido hacia sus millones de víctimas, desde los “indios” de América hasta los deshauciados de nuestros días.
Jaume Farrerons
9 de abril de 2012
Más informaciones sobre el caso:
Últimas noticias: Israel declara a Günter Grass persona non grata y bloquea su entrada en el “país”:
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Gunter-Grass-opiniones-Alemania-Israel_0_679732195.html
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Gunter-Grass-opiniones-Alemania-Israel_0_679732195.html
http://www.rtve.es/noticias/20120409/dura-reaccion-israel-contra-grass-invierte-debate-favor-del-poeta/514603.shtml
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/11/actualidad/1334167187_822254.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/11/actualidad/1334167019_812687.html
Pero también está ahí aquéllo que la prensa y los políticos callan:  Benny Morris, historiador israelí, celebra y explica por qué el Estado de Israel tenía que aniquilar o deportar a todos los palestinos (al igual que, dice, hicieron los estadounidenses con los indios):
http://web.archive.org/web/20051228175320/www.newleftreview.org/PDFarticles/Spanish/NLR26002.pdf
¿Culpa alemana? La inglesa estrategia de exterminio civil del pueblo alemán en la Primera Guerra Mundial y el nacimiento del nazismo:
http://mises.org/Community/blogs/euribe/archive/2012/02/16/el-bloqueo-y-los-intentos-de-matar-de-hambre-a-alemania.aspx
El bloqueo y los intentos de matar de hambre a Alemania
Por Ralph Raico. (Publicado el 7 de mayo de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4308.
[The Politics of Hunger: Allied Blockade of Germany, 1915-1919 • C. Paul Vincent • Ohio University Press (1985) • 185 páginas. Esta reseña se publicó por primera vez en la Review of Austrian Economics 3, nº 1]
Los estados a lo largo de la historia han persistido en dificultar severamente e incluso prohibir el comercio internacional. Sin embargo, casi nunca las consecuencias de dicho intento (tanto en los resultados evidentes inmediatos como probablemente en los de largo plazo) pueden haber sido tan devastadoras como en el casi del bloqueo naval aliado (realmente británico) a Alemania en la Primera Guerra Mundial. Este bloqueo de hambre pertenece a la categoría de las atrocidades estatales olvidadas del siglo XX. (Igualmente, ¿quién recuerda hoy a las decenas de biafreños muertos por hambre durante la guerra de independencia por la política de los generales nigerianos apoyados por el gobierno británico?). Así, C. Paul Vincent, un veterano historiador y actualmente director de la biblioteca, en el Keene State College en New Hampshire, merece nuestra gratitud por traerlo a la memoria en este estudio erudito y equilibrado.
Vincent recrea eficazmente la atmósfera de júbilo que rodeó al estallido de la guerra que fue en realidad el hito funesto del siglo XX. Mientras que los alemanes estaban poseídos por un sentido casi místico de comunidad (el economista Emil Lederer declaraba que ahora la Gesellschaft [sociedad] se había transformado en Gemeinschaft [comunidad]), los británicos se entregaban a propia forma patentada de hipocresía. El socialista y utópico positivista H.G. Wells, por ejemplo, decía efusivamente: “Me encuentro entusiasmado por esta guerra contra el militarismo prusiano. (…) Toda espada que se empuñe contra Alemania, es una espada que se empuña por la paz”. Well acuñó más tarde el falso lema: “la guerra para acabar con la guerra”.
Mientras continuaba el conflicto, el actual estado socialista que se había venido construyendo durante décadas se desbordó con masivas intrusiones del gobierno en todas las facetas de la sociedad civil, especialmente en la economía. El Kriegssozialismus alemán que se convertiría en un modelo para los bolcheviques en su ascenso al poder es bien conocido, pero, como apunta Vincent: “los británicos alcanzaron un control sobre toda la economía sin parangón con ningún otro estado beligerante”.
En todas partes la apropiación del poder social por el estado estaba acompañada y estimulada por labores de propaganda sin precedentes en la historia. A este respecto, los británicos tuvieron mucho más éxito que los alemanes y su magistral retrato de los “hunos”como diabólicos enemigos de la civilización, perpetradores de todo tipo de“horror” imaginable,[1]servía para enmascarar el peor ejemplo de barbarie de toda la guerra, aparte de las masacres armenias.
A éste lo llama abiertamente Lord Devlin, “la política del hambre”, dirigida contra los civiles de las Potencias Centrales (particularmente Alemania),[2] el plan que se dirigía, como admitía Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo en 1914 y uno de los redactores del plan, a “hacer pasar hambre a toda la población (hombres, mujeres y niños, jóvenes y viejos, heridos y sanos) para que se rinda”.[3]
La política británica contradecía el derecho internacional en dos puntos principales.[4]Primero, respecto del carácter del bloqueo, violaba la Declaración de París de 1856, que había firmado la propia Gran Bretaña y que, entre otras cosas, permitía bloqueos “cercanos”, pero no “distantes”. Se permitía a un beligerante estacionar buques cerca del límite de las tres millas para detener el tráfico con puertos enemigos; no se permitía sencillamente declarar áreas de alta mar que incluyeran las aproximaciones a la costa enemiga fuera de esos límites.
Eso es lo que hizo Gran Bretaña el 3 de noviembre de 1914, cuando anunció, supuestamente en respuesta al descubrimiento de un barco alemán desplegando minas cerca de la costa inglesa, que desde entonces todo el Mar del Norte era área militar, que podía minarse y en la que los barcos neutrales actuarían “bajo su propio riesgo”. Medidas similares respecto del Canal de la Mancha aseguraban que los barcos neutrales se vieran obligados a arribar a puertos ingleses para recibir instrucciones de navegación o recoger pilotos ingleses. Durante este periodo podían ser revisados, evitando el requisito de buscarlos en alta mar.
Eso introduce la segunda y aún más compleja cuestión: la del contrabando. En pocas palabras, siguiendo el camino de la Conferencia de La Haya de 1907, la Declaración de Londres de 1909 consideraba que la comida era “contrabando condicional”, es decir, estaba sujeta a intercepción y captura solo cuando se dirigía al uso de las fuerzas militares del enemigo. Esto era parte del meticuloso trabajo, extendido durante generaciones, de quitar a la guerra sus aspectos más salvajes estableciendo una clara distinción entre combatientes y no combatientes. Entre los corolarios de esto estaba que la comida que no tuviera un uso militar podía transportarse legítimamente a un puerto neutral, incluso si acabara llegando al territorio enemigo. La Cámara de los Lores había rechazado dar su consentimiento a la Declaración de Londres, que, en consecuencia, no tenía vigencia plena. Aún así, como apuntó el gobierno de EEUU al británico al inicio de la guerra, las provisiones de la declaración en general seguían “los principios generalmente reconocidos del derecho internacional”. Como una indicación de esto, el almirantazgo inglés había incorporado la Declaración a sus manuales.
Los británicos empezaron pronto a apretar el dogal alrededor de Alemania expandiendo unilateralmente la lista del contrabando y presionando a los neutrales (especialmente a Holanda, ya que Rotterdam, más que ningún otro puerto, era el foco de las preocupaciones inglesas respecto del aprovisionamiento de los alemanes) para que consintieran sus violaciones de las leyes. En el caso del neutral más importante, Estados Unidos, no hizo falta ninguna presión. Con la excepción del atribulado secretario de estado, William Jennings Bryan, que dimitió en 1915, los líderes estadounidenses fueron asombrosamente simpatizantes con el punto de vista británico. Por ejemplo, después de escuchar las quejas del embajador austriaco sobre la legalidad del bloqueo británico, el coronel House, el íntimo asesor de Wilson en asuntos exteriores, apuntaba en su diario: “Olvida añadir que Inglaterra no está ejercitando su poder de una forma objetable, pues está controlada por una democracia”.[5]
Los alemanes respondieron al intento británico rendirles por hambre declarando a los mares alrededor de las Islas Británicas como “zona de guerra”. Entonces los británicos anunciaron abiertamente su intención de incautarse de todos y cada uno de los bienes originados o en camino hacia Alemania. Aunque a las medidas británicas se les dio el aspecto de represalias por las acciones alemanas, en realidad el gran plan se habría urdido y realizado independientemente de cualquier cosa que hiciera o dejara de hacer el enemigo:
Las Órdenes de Guerra del Almirantazgo del 26 de agosto [de 1914] eran muy claras. Iba a capturarse toda la comida consignada a Alemania a través de puertos neutrales e iba a considerarse que toda la comida consignada a Rotterdam estaba consignada a Alemania. (…) Los británicos estaban determinados en su política del hambre, fuera ajustada a derecho o no.[6]
Los efectos del bloqueo se sintieron pronto entre los civiles alemanes. En junio de 1915, el pan empezó a estar racionado. “En 1916”, dice Vincent, “la población alemana sobrevivía con una mísera dieta de pan negro, rodajas de salchichas sin grasa, una ración individual de tres libras de patatas por semana y nabos” y en ese año se perdió la cosecha de patatas. La elección del autor de contar citas de testigos oculares para llevar al lector la realidad de una hambruna como no se había experimentado en Europa fuera de Rusia desde las tribulaciones irlandesas de la década de 1840. Como decía un alemán: “Pronto las mujeres que esperaban en las pálidas colas hablaron más del hambre de sus hijos que de la muerte de sus maridos”.
Un corresponsal estadounidense en Berlín escribía:
Una vez salí con el propósito de encontrar en estas colas de comida una cara que no mostrara los estragos del hambre. (…) Inspeccioné con cuidado cuatro largas colas. Pero entre los 300 buscadores de comida no había nadie que hubiera tenido suficiente para comer durante semanas. En el caso de las mujeres y niños más jóvenes, la piel se había pegado a los huesos y no tenía sangre. Los ojos se habían hundido en las cuencas. Había desparecido todo el color en los labios, y los mechones de pelo que caían sobre las caras apergaminadas parecían lacios y famélicos (una señal de que el vigor nervioso del cuerpo desaparecía con la fortaleza física).
Vincent pone la decisión alemana de principios de 1917 de reanudar y extender la guerra submarina contra la marina mercante (que proporcionó a la administración Wilson su pretexto final para entrar en guerra) en el marco del desmoronamiento de la moral alemana. La campaña de los U-Boot alemanes resultó un fracaso y, de hecho, al hacer entrar a Estados Unidos en el conflicto, agravó la hambruna.
“Wilson garantizó que se cerrara toda laguna jurídica dejada abierta por los aliados (…) incluso la importación de alimentos por los neutrales se prohibió hasta diciembre de 1917”. Las raciones en Alemania se redujeron a alrededor de mil calorías por día. En 1918, la tasa de mortalidad entre los civiles en un 38% mayor que la de 1913, proliferaba la tuberculosis y, entre los niños, también el raquitismo y los edemas. Aún así, cuando los alemanes se rindieron en noviembre de 1918, los términos del armisticio, redactados por Clemenceau, Foch y Pétain, incluían la continuación del bloqueo hasta que se ratificara el tratado final de paz.
En diciembre de 1918, la Oficina de Salud Nacional en Berlín calculaba que 763.000 personas habían muerto hasta entonces como consecuencia del bloqueo: la cifra adicional a ésta en los primeros meses de 1919 se desconoce.[7] En algunos aspectos, el armisticio supuso la intensificación del sufrimiento, ya que la costa alemana del Báltico estaba ahora efectivamente bloqueada y anulados los derechos de pesca en el Báltico.
Uno de los puntos más notables en la explicación de Vincent es cómo la perspectiva de una guerra “zoológica”, luego asociada con los nazis, empezó a aparecer en la vorágine del odio étnico engendrado por la guerra. En septiembre de 1918, un periodista inglés, en un artículo titulado “Los hunos de 1940”, escribía con optimismo de las decenas de miles de alemanes ahora en los vientres de mujeres famélicas que “están destinados a una vida de inferioridad física”.[8] El“famoso fundador de los boy-scouts, Robert Baden-Powell, expresaba ingenuamente su satisfacción de que la raza alemana fuera arruinada: “aunque la tasa de natalidad, desde el punto de vista alemán, pueda parecer satisfactoria, el daño irreparable producido es bastante distinto y mucho más serio”.
Frente a las fantasías genocidas de esos pensadores y el despiadado rencor de los políticos de la Entente deberían considerarse los angustiosos reportajes de periodistas y, especialmente, oficiales británicos del ejército desde Alemania, así como de miembros de la American Relief Commission de Herbert Hoover. Una y otra vez destacaban, aparte de la barbarie del continuo bloqueo, el peligro de que la hambruna bien puedira empujar a los alemanes hacia el bolchevismo. Hoover se vio en seguida convencido de la urgente necesidad de acabar con el bloqueo, pero las disputas entre los aliados, particularmente la insistencia francesa en que las existencias de oro no podrían usarse para pagar alimentos, pues estaban destinadas a las indemnizaciones, impidieron actuar.
A principios de marzo de 1919, el general Herbert Plumer, comandante del Ejército Británico de Ocupación, informaba al Primer Ministro Lloyd George que sus hombres demandaban volver a casa: ya no podían soportar la vista de “hordas de niños flacos e hinchados buscando entre los desperdicios” de la zona británica (de ocupación). Por fin, estadounidenses y británicos superaron las objeciones francesas y a finales de marzo, empezaron a llegar los primeros cargamentos de comida a Hamburgo. Pero solo fue en julio, después de la firma formal alemana del Tratado de Versalles, cuando se permitió a los alemanes importar materias primas y exportar bienes manufacturados.
Aparte de los efectos directos del bloqueo británico, hay posibles efectos indirectos y mucho más dañinos a considerar. Un niño alemán que tuviera 10 años en 1918 y sobreviviera, tendría 22 en 1930. Vincent plantea la pregunta de si las miserias y sufrimientos por el hambre en Alemania en los primeros años de formación contribuyen a explicar en alguna medida el entusiasmo de la juventud alemana por el nazismo posterior. Partiendo de un artículo de 1971 de Peter Loewenberg, argumenta positivamente.[9]Sin embargo, la obra de Loewenberg es una especie de psicohistoria y sus conclusiones se basan explícitamente en la doctrina psicoanalítica.
Aunque Vincent no las apoye sin reservas, se inclina a explicar el comportamiento posterior de la generación de niños alemanes marcados por los años de la guerra en términos de dificultades emocionales o nerviosas para pensar racionalmente. Así, se refiere a “la ominosa amalgama de emoción retorcida y degradación física, que iba a presagiar una considerable miseria para Alemania y el mundo” y que fue producida en buena medida por la política de hambre.
¿Pero es necesaria una aproximación así? Parece perfectamente factible buscar las conexiones que median entre la exposición al hambre (y los demás tormentos causados por el bloqueo) y el posterior comportamiento fanático y brutal en actitudes humana comúnmente comprensibles (aunque, por supuesto, no por eso justificables) generadas por experiencias anteriores. Estas actitudes incluirían el odio, una profunda amargura y resentimiento y un desprecio por el valor de la vida de “otros”,porque el valor de la “propia” vida hubiera sido despreciado tan despiadadamente.
Un punto de partida para un análisis así podría ser la obra de Theodore Abel de 1938, Why Hitler Came into Power: An Answer Based on the Original Life Stories of Six Hundred of His Followers. La conclusion de Loewenberg después de estudiar esta obra es que “el más sorprendente afecto emocional expresado en las autobiografías de Abel son los recuerdos de adultos de la intensa hambre y privaciones de la infancia”.[10]Una interpretación que pondría al bloqueo del hambre en su lugar apropiado en la aparición del salvajismo nazino tiene ninguna necesidad particular de un fundamento psicoanalítico o fisiológico.
De vez en cuando, las opiniones de Vincent en temas marginales a éste son lamentablemente estereotipadas: parece aceptar una interpretación extrema de la escuela de Fischer de la culpabilidad del origen de la guerra como atribuible solo al gobierno alemán y, respecto de la fortuna de la República de Weimar, dice: “Que Alemania perdiera su oportunidad es una de las tragedias del siglo XX. (…) demasiado a menudo los viejos socialistas parecieron casi aterrorizados ante la socialización”.
El tópico de que si se hubiera socializado la industria pesada en 1919 la democracia alemana podía haberse salvado, nunca fue muy convincente.[11]Cada vez resulta serlo menos ya que la investigación empieza a sugerir que fue precisamente el sistema de Weimar de intervención masiva del estado en los mercados laborales y la extensión de las instituciones del estado del bienestar (el más “progresista” de su tiempo) el que debilitó la economía alemana que se desplomaba ante la Gran Depresión.[12]Este desplome, particularmente el asombroso desempleo que lo acompañó, ha sido considerado desde hace mucho por los investigadores como la mayor causa del ascenso nazi al poder en 1930-33.
Son sin embargo, puntos mínimos a la vista del servicio que ha proporcionado Vincent tanto el rescatar del olvido a las víctimas de una política asesina de estado y en profundizar en nuestra comprensión de la historia europea del siglo XX. Se ha producido recientemente en la República Federal de Alemania una “lucha de historiadores”sobre si la matanza nazi de judíos europeos debería considerarse como “única” o ubicarse dentro del contexto de las matanzas masivas, en concreto las atrocidades estalinistas contra el campesinado ucraniano.[13] La obra de Vincent sugiere la posibilidad de que el marco de la discusión tendría que ampliarse más de lo que haya propuesto hasta ahora cualquiera de los participantes.
Ralph Raico es miembro senior del Instituto Mises. Es profesor de Historia Europea en el Buffalo State College y especialista en la historia de la libertad, la tradición liberal en Europa y la relación entre la guerra y al aumento del estado. Es autor de The Place of Religion in the Liberal Philosophy of Constant, Tocqueville, and Lord Acton.Puede estudiarse la historia de la civilización bajo su guía aquí: en MP3-CD y en casete.
Esta reseña se publicó por primera vez en la Review of Austrian Economics3, nº 1.
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Nota de FUEGOFRIO: Texto copiado de “FILOSOFÍA CRÍTICA”
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En esta parte de la serie de posts dedicados a Günter Grass… habría que matizar que lo importante del famoso poema no es si es acertado o no en cuanto a avisar del peligro que puede suponer para la paz mundial la política del gobierno del Estado de Israel respecto a Irán. Lo relevante es que empieza a conocerse en la gran prensa que la, al parecer, inobjetable “culpabilidad” de Alemania respecto al judaismo empieza a ser cuestionada. Un dato importante a considerar es que no hay que confundir poder internacional del “dinero” judío con el Estado de Israel. Es decir que se puede estar en contra del primero y a favor del segundo. Poca gente sabe que los “nazis” participaban de ese criterio. Como dijo Ulrike Meinhof: “Y no se les ha dicho todavía que el antisemitismo era en realidad el odio al capitalismo”. Y por supuesto, criticar el poder de la alta finanza internacional no significa defender ningún geocidio, pues sería absurdo culpabilizar a todo el pueblo judio de las actividades de su minoría dirigente.  Es más, se puede ser judío y estar en contra del Estado de Israel; como también se puede ser cristiano y estar contra el poder de la “sinagoga” y de la usura. Incluso se puede ser admirador del III Reich y a la vez defender la existencia del Estado de Israel y pon  consiguiente condenar los “crímenes nazis”, aunque éstos no fueron sino consecuencia de los “crímenes” de los “aliados” y del acoso de 80 paises contra Alemania… ya desde 1933 e incluso desde antes de 1914… Por último, creo obvio aclarar que la convivencia y futuro de Europa depende del respeto a todas las etnias, culturas y religiones y del derecho de cada nación a preservar su identidad, sus tradiciones y sus valores morales y éticos fundamentales.

lunes, abril 09, 2012

Günther Grass: lo que hay que decir (2)

Quisiera concluir esta entrada sobre el poema de Grass con algunas consideraciones, que se desprenden de lo dicho y cuyo alcance nadie interpretará, tanto si comparte cuanto si disiente de la postura del escritor, como algo banal. La verdadera significación del poema es la de señalar, como un hito en el tiempo histórico, el comienzo de una nueva época: indicio, discreto pero cargado de futuro, de aquello que se avecina, a saber, la radicalización del nacionalismo judío de extrema derecha, el desenmascaramiento del Estado de Israel y el despotismo desvergonzado del poder oligárquico. Éste, empero -y tal fenómeno forma parte también del inequívoco signo de los tiempos- va a ser contestado masivamente en todo el mundo, incluso en Alemania. De manera que, por primera vez, se pondrá en cuestión, con clamor cada vez creciente, el relato historiográfico académico en que se legitima la plutocracia transnacional enquistada en los gobiernos occidentales desde 1945. Y será así aunque Grass termine retractándose, desenlace que no podemos descartar. En estos momentos el escritor alemán estará sufriendo, a buen seguro, presiones tremendas para arrodillarse ante Tel Aviv y, como Marlon Brando, pedir perdón a la sinagoga. Quizá el affaire no haya terminado, pues, y algunos de nosotros nos llevemos una decepción. Pero, sea cual fuere la postrera actitud de Grass , el sentido de los hechos, de los actos y de las reacciones, incluye, cuando menos, lo siguiente:
1/ Grass acaba de salir en defensa de un régimen que niega el holocausto. En circunstancias “normales”, este simple estigma -el negacionismo- bastaría para ignorar y desmentir cualquier pretensión, válida o no, procedente de Teherán, a lo que se añade que Grass no es negacionista. Recordemos que, en materia de “fascismo”, el sistema oligárquico funciona no obstante mediante el mecanismo del contagio simbólico: si usted conoce a un “nazi” (=criminal) y le saluda por las mañanas en la panadería, usted es sospechoso de nazismo. A un “nazi” hay que hacerle el “vacío”, acuar así es lo obligado y políticamente correcto. Y si la hija de un “nazi” es violada, deberemos mirar hacia otro lado y olvidar cuanto haya ocurrido, pues el vástago de un “nazi” es también, en algún sentido misterioso, religioso incluso, “nazi” también. Y si declaro en favor de una “nazi” (por contagio) ¿no dirán que lo hago porque yo soy, asimismo, “nazi” (contagiado)? Podría sacar aquí a colación un caso, que he sufrido en mis propias carnes y guarda una analogía con el imaginario que acabo de poner como ejemplo, pero no lo voy a hacer porque involucra a terceras personas. A escala internacional, estas compulsiones a la contaminación simbólica o propagación del estigma son, por supuesto, de mayor calado, de dimensiones, por así decir, colosales. Recordemos el caso Kurt Waldheim o las amenazas a Austria, por parte de la Unión Europea, si Haider llegaba a la presidencia de la nación (!democráticamente!): todo el país iba a ser objeto de exclusión estigmatizante. El tema del holocausto es “sagrado”, literalmente, para el sistema. La Shoah se ha erigido en religión de la oligarquía asesina que nos gobierna y quizá uno de los últimos coletazos del dogma consistirá -algún día- en modificar la cronología histórica para colocar a Auschwitz, en lugar del nacimiento de Cristo, como año cero de nuestra era. Pasaremos, con toda lógica, del judío hijo de Dios a la victimizada etnia judía como tal en tanto que “pueblo divino”. No obstante lo cual, Grass “le ha dado la razón a Irán”. ¿Y quiés es Grass? Por una parte, un Premio Nobel, que no puede en cuanto tal ser desautorizado tan fácilmente, a pesar de los insultos; por otra, un alemán miembro, convicto y confeso, de las Waffen SS. El destino parece haberse conjurado para poner en evidencia a los impostores, a quienes ahora se les complica un poco más la tarea -cada día menos ociosa- de mantener intacta la dogmática supremacista judía. Algo se ha roto en el decorado propagandístico, la tramoya se ha desmoronado -!sólo por un instante!- y todos hemos podido constatar que los cielos permanecían silenciosos; habrá, en definitiva, un antes y un después del blasfemo poema de Günther Grass – alemán, SS, Premio Nobel e… inocente de todo crimen-.
Deir Yassin (1948): el Plan Dalet  y la Nakba en imágenes.

2/ El caso Grass ilustra que pudiérase haber militado en la SS sin devenir, al mismo tiempo, necesariamente, un criminal. Ahora bien, en el juicio de Nüremberg la SS en su conjunto fue declarada organización delictiva: todos sus miembros, de forma automática, pasaban a ser, por tanto, reos penales independientemente de su actuación individual concreta. Sabemos que Grass, como otras decenas de miles de SS, no cometió crimen alguno, excepto luchar por su país en una guerra declarada a Alemania por Inglaterra y Francia. En una guerra provocada por Inglaterra y Francia. Pero la inocencia de Grass, además de su reconocido talento como escritor, cuestiona uno de los pilares de la farsa pseudo judicial con que se quiso enterrar para siempre cualquier resquicio de validez de la ideología nacionalsocialista. Los SS eran hombres como nosotros, no demonios: en Grass tenemos la prueba, la escandalosa evidencia de la irracionalidad del estigma. Al final del conflicto se acusó nada menos que a todo el pueblo alemán, castigado expresa y abiertamente con un genocidio que, como poco, exterminó a 8 millones de personas: no se trataba sólo de condenar al régimen hitleriano, sino de suprimir para siempre a los alemanes como tales. Y esta decisión -fruto de una secular germanofobia occidental- no sólo se tomó y ejecutó sin que hubiérase levantado un solo edificio en una localidad de Polonia denominada  Auschwitz, sino que (y con ello resumo la principal aportación de este blog a la reflexión sobre este tema decisivo) desencadenó el pogrom denominado “holocausto” (en la media en que existió una realidad remotamente parecida, insisto en ello una vez más, a aquéllo que Hollywood relata sobre la Shoah):

Plan Kaufman: “eliminación total de la raza germánica”.
La población de Alemania, con exclusión de los territorios conquistados o anexionados, es de unos 70.000.000 de habitantes, repartidos a partes iguales entre machos. Para llevar a término el proyecto de eliminación total de la raza germánica sólo habría que esterilizar a unos 48.000.000 de personas, cifra que excluye, en virtud de su limitado poder de procreación, a los hombres de más de 60 años y a las mujeres de más de 45. / Desde luego, después de la completa  esterilización, cesará la tasa de nacimientos en Alemania. Con una tasa normal  de defunciones del 2% anual, la vida alemana disminuiría en 1.500.000 vidas  anualmente. Por consiguiente, en un lapso de tiempo de dos generaciones, que  cuesta millones de vidas y siglos de esfuerzos inútiles, a saber, la eliminación  del germanismo y sus portadores, habrá sido un hecho consumado (Alemania debe perecer, [Germany must perish], Kaufman, T. N., inscrito en la Biblioteca del Congreso de EEUU el 28 de febrero de 1941).

Esta era un percepción compartida, antes de que se pudiera hablar siquiera de holocausto, por estadistas como Churchill, quienes durante y una vez ya terminada la Primera Guerra Mundial (!el nazismo no existía!), pusieron en práctica el método de la masacre civil masiva mediante bloqueo naval y hambruna, con millones de víctimas civiles alemanas. El arma del hambre, más que la esterilización (aunque las autoridades de ocupación también esterilizaron a ciudadanos alemanes, según hemos podido saber por familiares nuestros de esa nacionalidad), fue asimismo el sistema utilizado tras la Segunda Guerra Mundial para exterminar a millones de civiles y prisioneros desarmados. Tanto el nacimiento del nazismo como el holocausto son inseparables de estos facta previos, de la misma manera que el fascismo en general, como fenómeno reactivo, constituye la consecuencia, y no la causa, de las atrocidades del comunismo en Rusia. Con los años, se ha ido estableciendo, por la misma lógica de las cosas, una distinción entre alemanes y nazis que, alarmada la judería militante, el libro de Daniel J. Goldhagen Los verdugos voluntarios de Hitler intentó difuminar de nuevo, pues si todos los alemanes no eran asesinos, entonces los enormes crímenes contra la humanidad perpetrados contra ese pueblo pasaban a ser delitos en toda regla, merecedores de un juicio equivalente al de Nüremberg. Quienes debían ser imputados y condenados eran ahora los vencedores. Por no hablar del Estado de Israel el día en que se admitiera “oficialmente” la realidad de la Nakba. Sin embargo, sólo de forma muy tímida parecía estarse dando la siguiente vuelta de tuerca en el avance de la tozuda verdad: que no todos los nazis eran antisemitas furibundos, que incluso hablando de cuerpos de élite del régimen como las SS, se podían encontrar decenas de miles de militares que no habían cometido ningún delito. Ejemplo: Günther Grass. El escritor encarnaba ya la negación del dogma con su misma existencia. Hogaño, gracias al poema de marras, este implícito elemento explosivo, que ha permanecido latente a lo largo de años, explota de forma imprevista y nos muestra la realidad tanto tiempo ocultada. Un alemán, un ex SS, se solidariza con un régimen amenazado por Israel y, además, por si fuera poco, con un régimen que niega el holocausto. Toda la Alemania del plan Morgenthau, las fosas del sionismo y del antifascismo repletas de cadáveres olvidados que ningún juez-payaso Garzón pretendería exhumar, hablan a través de Grass; y, con Grass, habla también a la postre la entera humanidad oprimida, humillada, pisoteada por la oligarquía, por esa insultante pretensión del pueblo elegido -objetivada en la Nakba- en tanto que raza supuestamente superior.

Dresden (1945), el plan de exterminio germanofóbico otra vez en marcha desde 1941.

3/ La tercera cuestión que se nos plantea es la extremada dependencia del régimen oligárquico transnacional respecto de la narración oficial del holocausto. Es un tema al que ya me he referido en otras ocasiones en este blog pero que escándalos como el poema de Grass ilustran a la perfección. La pregunta sería la siguiente: ¿podría resistir la oligarquía una deslegitimación de su “relato mítico fundacional”? En mi opinión, la existencia de leyes que persiguen la libre investigación de la historia en perfecta contradicción con todos los principios de libertad de expresión, de producción científica y de difusión de información, demuestra que no. Por este motivo, cuando (me) preguntan cómo se puede derrotar a la oligarquía y alguien sugiere que el camino no puede ser otro que la violencia, tengo que, en mi opinión, corregirlo. Ninguna fuerza material puede derrotar a la oligarquía: en estos momentos el abismo tecnológico que separa la mera suma física de todos los habitantes del planeta (excepto los oligarcas, claro), y esto en el mejor de los casos, de la capacidad de destrucción de los gobiernos oligárquicos, es tan enorme, que queda descartada la noción clásica de revolución. No obstante, el poder oligárquico no domina por la fuerza, excepto en las periferias y en casos contados de asesinatos selectivos: su opresión, que lo distingue de los totalitarismos del siglo XX, se basa en mecanismos sutiles de manipulación informativa, de “saturación simbólica”, que hacen imposible el cuestionamiento del “antifascismo”. De ahí que, si a pesar de dichas técnicas psicológicas, que someten el alma antes lograr, por defecto, la pasividad cómplice del cuerpo de los explotados, aparezcan casos como el de Grass, los revisionistas, Heidegger y de miles de bitácoras en todo el mundo, que ponen en peligro el relato oficial del holocausto, deba el régimen recurrir a mecanismos represivos propios del totalitarismo, mecanismos policiales, judiciales, carcelarios, cada vez más duros, obscenos, descarados…

¿La hora de Irán?

Este es el síntoma de una debilidad y nos marca el sentido de la auténtica revolución, que deberá ser democrática, pacífica, simbólica: un movimiento de masas que apele, como Solzhenitsyn, a la libertad, derecho a buscar y encontrar la verdad sin coacciones. Basta con eso: derribar unas leyes antirrevisionistas que van mucho más allá del control policial del discurso historiográfico. Grass ha aportado, en nuestros días, un ejemplo de desafío puramente “sígnico” al sistema oligárquico. Creo, como ya he sugerido -pero es sólo una suposición- que Grass ha venido sufriendo una lenta conversión espiritual que se ha acelerado con la proximidad de la muerte. Es la finitud la que le fuerza a pronunciarse, siendo así que no puede abandonar este mundo como un hipócrita mentiroso. Nosotros debemos, salvando las distancias, hacernos las mismas preguntas. Sabemos y hemos demostrado ya aquí, en esta misma bitácora Filosofía Crítica, que la narración oficial del holocausto es un fraude, una impostura al servicio del racismo y del estamento político más criminal que la historia registra -hecho que, por otro lado, no abona la validez del fascismo-. Tenemos que avanzar por ese camino. Tal vez podremos, algún día, sentar en el banquillo de los acusados a los genocidas que nos gobiernan, y quizá lo hagamos, además, sin disparar un solo tiro.

¿Culpa alemana?
Volvamos ahora al fragmento del opúsculo de Grass Escribir después de Auschwitz (1999) que hemos transcrito en la entrada anterior. Aceptaba Grass en dicho texto, de forma lacayuna, la “culpa alemana”, aunque en la filosofía del derecho penal y en la doctrina jurídica sólo pueda hablarse de dolo o culpa en relación con individuos concretos, y además responsables de sus actos (está por ver si en una cadena de mando militar y durante una guerra total en que, por las dos partes, se recurre al exterminio, puede postularse tal responsabilidad, que se define por la capacidad objetiva de desobedecer sin poner en riesgo su propia vida, en un soldado o mando intermedio sometido por definición a dicha cadena de acuerdo con el principio jurídico de “sujección especial”). Grass parece estar, vistas sus actuaciones posteriores, saldando cuentas con las fuerzas que de alguna manera le compelieron a reproducir los mantras de “el Holocuasto” y le convirtieron en uno de los sacerdotes-intelectuales de esa religión, precisamente en Alemania, país poblado por la “raza perpetradora” (Daniel J. Goldhagen): la sede, en una palabra, del mal absoluto. País “sagrado” pero a la inversa, en términos demonológicos, Alemania produce sus propios flagelantes y penitentes a sueldo, intelectuales orgánicos de Sión, estómagos agradecidos y lacayos la casta política y económica nacional encargados de “culpabilizar” a su propio pueblo.
Propaganda antialemana occidental.
Grass formaba parte de ellos. Ahora ya no. Ha transgredido el dogma, pero sólo, claro, de forma parcial: en el poema “Lo que hay que decir” parece seguir insistiendo en la posición singular de Alemania a la hora de proporcionarle a Israel los medios tecnológicos que le permitirán usar, con fines militares, su arsenal nuclear ilegal. Esas armas de destrucción masiva de que pocos hablan porque, a fin de cuentas, son como la otra cara jurídica de “el Holocausto”: el derecho de Israel a erigirse en sujeto de una capacidad aniquiladora apocalíptica en aras de evitar que “Auschwitz -el mal absoluto- vuelva a repetirse” (aunque los resultados sean mucho peores que Auschwitz, como Hiroshima/Nagasaki demostraron hasta el hartazgo). La cuestión de la culpa alemana se traduce así, paradójicamente, en el deber, para Alemania, de implicarse en una conflagración mundial, de apoyar a un país que, en calidad de víctima absoluta “con derecho a atacar primero”, podría convertir a Alemania, otra vez, en el personaje del presunto verdugo malvado por excelencia de la narración histórica oficial. Las paradojas de la ideología del Holocausto son las mismas que arrastran al resto de las ideologías humanistas y antifascistas del bienestar y de la felicidad. El historiador israelí Benny Morris las resumió en una frase antológica referida a las raíces criminales de los Estados Unidos de América:
Tampoco la gran democracia estadounidense se podría haber creado sin la aniquilación de los indios. Hay casos en que el buen fin general justifica los actos implacables y crueles que se cometen en el curso de la historia (Morris, B., entrevista al diario “Haaretz”, enero de 2004).
Otro tanto cabría decir, según Morris, de Israel y sus víctimas, los palestinos. No estamos, en el caso de Morris, ante comunistas tipo Marx, Zinoviev, Trostky o Lenin, quienes pronunciaron sentencias similares condensándolas en sangre “realmente vertida” como emblemas y símbolos de la barbarie roja, sino ante un supuesto liberal adscrito a la ideología  occidental de Samuel Ph. Huntington, autor de El choque de las civilizaciones (1996):
Occidente no conquistó al mundo por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino por la superioridad en aplicar la violencia organizada. Los occidentales suelen olvidarse de este hecho, los no-occidentales nunca lo olvidan.
En la actualidad, cuando está tan de moda meter “fascismo” y “comunismo” en el mismo saco contraponiéndoles un liberalismo presuntamente angélico, convendría recordar que los crímenes genocidas del capitalismo liberal anteceden los de los regímenes marxista-leninistas y, por último, los del nazismo (que no del fascismo), reacción ideológica y política de tercer grado frente al totalitarismo bolchevique (segundo grado). Se ha invertido, en efecto, la serie y ha colocado el “fascismo” al principio en calidad de desencadenante causal. Osténtase así la contribución moscovita a la destrucción del Tercer Reich como una justificación de cualesquiera crímenes que los “revolucionarios”, hasta Stalin y Mao, hayan podido cometer, concluyendo la feliz narración hollywoodiense con el  advenimiento del liberalismo en tanto que “alternativa” “democrática” frente a ambos “totalitarismos” (rojo  y negro). Esta es la gran hipocresía del abominable pensamiento único: la historia no conduciría cronológicamente del colonialismo y La situación de la clase obrera en Inglaterra (descrita por Engels en su famoso libro) a la delirante violencia escatológica marxista-leninista, para luego pasar de ésta a la respuesta “fascista” (que intenta una “revolución no genocida”), sino que el fascismo, consecuencia de todas las consecuencias, devino mal absoluto, mientras el comunismo, mero instrumento para detener a las “hordas nazis”, obtenía una provisional “suspensión de condena”, condicionada a su antifascismo, en espera de los nuevos y maravillosos tiempos liberal-capitalistas que a la sazón habían de llegar. El liberalismo capitalista no aparece en el inicio, como factor causal del desastre, sino al final, cual esperanza utópica, soteriológica, depaz y abundancia (“sociedad de consumo”). Pues bien, ya han llegado los tiempos neo-liberales y, con ellos, por fin, la ciudadanía empieza a entender por qué hubo una época de la historia en que las gentes humildes se alzaban en armas contra la explotación capitalista y los burgueses eran liquidados sin compasión. Falta todavía que entiendan, estos ciudadanos indignados, cuáles fueron los sangrientos resultados de tal “revolución marxista-leninista” ahíta de odio, en virtud de los cuales el fascismo de la primera hora pretendió oponérsele  por la fuerza -aunque traicionase su inicial empeño social-, reivindicando un socialismo que preservara tanto la justicia del trabajo cuanto las conquistas culturales “burguesas” de la civilización occidental (familia, propiedad, estado, nación).
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Nota de FUEGOFRIO: Texto copiado de “Filosofía Crítica
…(CONTINUARá)
El poema, una joya para todas las personas que todavía se lavan en medio de la pocilga sionista de mentiras y crímenes justificados apelando al mantra de Auschwitz (véase traducción al final de la entrada):
Was gesagt werden muss
Günther Grass
Warum schweige ich, verschweige zu lange, was offensichtlich ist und in Planspielen geübt wurde, an deren Ende als Überlebende wir allenfalls Fußnoten sind.
Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag, der das von einem Maulhelden unterjochte und zum organisierten Jubel gelenkte iranische Volk auslöschen könnte, weil in dessen Machtbereich der Bau einer Atombombe vermutet wird.
Doch warum untersage ich mir, jenes andere Land beim Namen zu nennen, in dem seit Jahren – wenn auch geheimgehalten – ein wachsend nukleares Potential verfügbar aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung zugänglich ist?
Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes, dem sich mein Schweigen untergeordnet hat, empfinde ich als belastende Lüge und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt, sobald er mißachtet wird; das Verdikt “Antisemitismus” ist geläufig.
Jetzt aber, weil aus meinem Land, das von ureigenen Verbrechen, die ohne Vergleich sind, Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird, wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert, ein weiteres U-Boot nach Israel geliefert werden soll, dessen Spezialität darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe dorthin lenken zu können, wo die Existenz einer einzigen Atombombe unbewiesen ist, doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will, sage ich, was gesagt werden muß. 
Warum aber schwieg ich bislang? Weil ich meinte, meine Herkunft, die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist, verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit dem Land Israel, dem ich verbunden bin und bleiben will, zuzumuten. 
Warum sage ich jetzt erst, gealtert und mit letzter Tinte: Die Atommacht Israel gefährdet den ohnehin brüchigen Weltfrieden? Weil gesagt werden muß, was schon morgen zu spät sein könnte; auch weil wir – als Deutsche belastet genug – Zulieferer eines Verbrechens werden könnten, das voraussehbar ist, weshalb  unsere Mitschuld durch keine der üblichen Ausreden zu tilgen wäre.
Und zugegeben: ich schweige nicht mehr, weil ich der Heuchelei des Westens überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen, es mögen sich viele vom Schweigen befreien, den Verursacher der erkennbaren Gefahr zum Verzicht auf Gewalt auffordern und gleichfalls darauf bestehen, daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle des israelischen atomaren Potentials und der iranischen Atomanlagen durch eine internationale Instanz von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.
Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern, mehr noch, allen Menschen, die in dieser vom Wahn okkupierten Region dicht bei dicht verfeindet leben und letztlich auch uns zu helfen.
Reacción del estamento político alemán
Los políticos cipayos no podían ignorar este desafío. Sería como el perro guardián que no ladra cuando pasa un extraño por delante de la casa. ¿Para qué te doy de comer, ha bociferado la oligarquía? Y, claro, los ladridos de la jauría han atravesado las fronteras. Le han recordado a Grass las amenazas del presidente iraní, como si esos discursos pudieran compararse con el Plan Dalet de limpieza étnica del pueblo palestino y los innumerables crímenes del gobierno israelí de 1948 a 2008 (Operación Plomo Fundido en Gaza). Como si las bravuconadas de Irán -que se mueven en el terreno de las palabras- pudieran equipararse a los hechos consumados que implican a Israel en cuanto principal instigador de la invasión norteamericana de Iraq y, ahora, del ataque a Siria que debe preceder a la agresión contra un régimen, el de Teherán, “negador del Holocausto”. Un régimen, en suma, blasfemo, que atenta contra la única y verdadera fe universal del Judío Víctima. Véanse algunas de las intervenciones políticas en Alemania, todas ellas poniendo en un platillo de la balanza las “declaraciones” de Mahmud Amadhineyad e ignorando, en el otro platillo, el espantoso historial genocida del Estado de Israel, por no hablar de su posesión ilegal de armas atómicas amparado en el sonsonete Auschwitz:
La publicación del poema, que EL PAÍS lleva hoy en sus páginas, ha acarreado críticas casi inmediatas en los medios conservadores como el berlinés Die Welt. Pero también el diario taz (link en alemán), próximo a Los Verdes, cuestiona lo que califica en su web de “falsificación de los hechos”. Según el periódico de izquierdas, el escritor teme que Israel “extermine al pueblo iraní”, pero ha sido precisamente el presidente del régimen iraní, Mahmud Ahmadineyad (calificado de “fanfarrón” por el poeta) quien en repetidas ocasiones ha propuesto “extirpar el cáncer” que, a sus ojos, representa el Estado de Israel. / Hermann Gröhe, secretario General de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel, ha sido uno de los políticos más duros con el escritor alemán: “Estoy espantado con el tono y la dirección que toma el poema”. El escritor ignora que “Irán cuestiona el propio derecho a la existencia del estado de Israel”. El político recordó que Ahmadineyad “niega el Holocausto” y rechaza los controles internacionales sobre su arsenal nuclear. Gröhe ha recordado que no cabe la menor duda sobre el “fundamental” apoyo alemán a Israel: “Resulta de todo lamentable que alguien como Günter Grass demuestre no haber aprendido nada [de la historia alemana]”. / También es crítico el jefe de la Comisión de Exteriores del parlamento alemán (Bundestag), el democristiano Ruprecht Polenz (CDU), que acusa a Grass de “confundir la causa con el efecto” y de “fabricar” un contexto internacional que “no se corresponde con la realidad”. Polenz ha pedido que “no se le conceda demasiada importancia” al poema al evaluar un conflicto internacional “de enorme riesgo”. / En el principal partido de la Oposición, el socialdemócrata SPD, la secretaria general Andrea Nahles ha calificado de “irritante y desproporcionado” el texto publicado hoy simultáneamente por cuatro periódicos internacionales. El diputado del SPD Rolf Mützenich, portavoz socialdemócrata para Oriente Próximo, ha acusado a Grass de “banalizar” el carácter “represor” del régimen iraní y de ignorar la violencia con la que sojuzga cualquier oposición interna.
Todas estas desinformaciones, que obvían la bibliografía y se perpetran en el interior de la “realidad virtual” (a modo de campana mediático-propagandística donde son producidas las mentes de los ciudadanos), ampáranse, precisamente, en la falsificación de los hechos que pretenden denunciar en Grass. Acusan a Grass de “ignorante”, pero Grass sólo lo es en la medida en que comparte la visión emitida por la telepantalla (Orwell) y se declara amigo de Israel. Resulta imposible ser amigo de Israel después de haberse informado, después de haber dejado de ser “ignorante”… Por ejemplo, basta una lectura del libro La limpieza étnica de Palestina (2006), de Ilan Pappé, donde se describen las raíces criminales y genocidas del Estado sionista, para que resulte imposible escribir esa parte del poema de Grass que sigue siendo un residuo de la lobotomización oligárquica. Y no por las opiniones de Pappé, sino por el material documental que transcribe, el cual no deja margen a la duda: el sionismo abrigó, antes incluso del advenimiento del nazismo, un proyecto de expulsión del pueblo palestino; el diario de Ben Gurion acredita estas intenciones criminales. Un solo ejemplo:
Existe ahora la necesidad de una reacción fuerte y brutal. Necesitamos ser certeros a la hora de elegir el momento, el lugar y los blancos oportunos de nuestros golpes. Si acusamos a una familia, necesitamos acusarla sin piedad, lo que incluye a sus mujeres y niños. De otro modo, no se tratará de una reacción eficaz. Durante la operación no hay necesidad de distinguir entre culpables y no culpables (Pappé, I., La limpieza étnica de Palestina, Barcelona, Memoria Crítica, 2008, p. 105).
Estas palabras forman parte de una entrada del diario de Ben Gurion del 31 de enero de 1948. Pero ya en junio de 1938, el mismo Ben Gurion afirmaba, refiriéndose a los palestinos, que “soy partidario del traslado forzoso, no veo nada inmoral en él” (Ben Gurión a la Agencia Judía, op. cit., p. 9). No hay excusas, ni las inevitables respuestas árabes a la violencia del invasor, ni la persecución antisemita de Hitler, justifican el designio psicópata de desembarcar en un país ajeno y deportar / exterminar a sus habitantes para luego depositar e incubar allí, colonización mediante, los “huevos” de un supuesto pueblo elegido. La cosa da asco. Sobre los antecedentes racistas del judaísmo nos informa Israel Shahak en Historia judía, religión judía (1994). Una vez más, lejos de erigir en dogma las ideas filosóficas de Shahak, basta con ceñise a las traducciones directas (y, esta vez, no trucadas) de los libros sagrados de la religión hebrea, para llegar a la convicción de que ningún trauma histórico convirtió a los creyentes judíos en racistas, sino que el racismo de los creyentes judíos desencadenó la persecución universal del judío y los consiguentes traumas colectivos (que a su vez sirvieron para reforzar, tal como esperaban y deseaban los rabinos más obscurantistas, la xenofobia hebrea en una suerte de feedback infernal). Sobre la exageración, singularización mítica y abuso de la Shoah como instrumento de la propaganda sionista y de la extrema derecha judía, ocioso es anotar que la obra canónica La industria del holocausto (2000), de Norman G. Finkelstein, judío cuyos padres conocieron los campos de concentración alemanes, le ha costado al autor su puesto de trabajo.
Al parecer, los políticos que califican a Grass de ignorante, desconocen la historiografía existente, o la conocen, pero actúan, de forma malévola, como si aquélla se redujera, verbi gratia, a La tierra más disputada (2005), del filosionista Joan B. Culla,  pues son ellos, los propios políticos, quienes determinan que las informaciones científicas, ignoradas por la mayoría del público, atraviesen el filtro o barrera mediática y aparezcan como “verdades” que la simple acreditación académica no les otorga. Además de una simple cuestión de verdad o mentira, está el requsito social, el factum brutum de la repetición propagandística y el share (cuota de pantalla), que se consiguen a base de dinero e influencia, no de fundamentación racional. Visto que el sionismo controla los medios de comunicación y la política (incluso el mundo académico está en sus manos) debemos considerar que las obras de Pappé, Brenner, Finkelstein, Shahak y otros son poco menos que milagros y muy poca cosa comparado con lo que podríamos saber en un marco político que respetara la independencia del investigador.
Sería muy fácil, pero harto engorroso, reproducir aquí las piezas de convicción que permiten sostener, sin vacilar, lo siguiente: quienes “fabrican” un contexto internacional que no se corresponde con la realidad (aunque sí se corresponda con una imagen mediática erigida artificiosamente de espaldas a la realidad) son los políticos que acusan de ello a Grass. Pero la entera bitácora FILOSOFÍA CRÍTICA contiene dichas informaciones y resultaría absurdo repetirlas íntegramente en una sola entrada. Remitimos a las series de posts sobre “El mayor genocido de la historia” o “Anotaciones preliminares sobre las causas del holocausto”, por ejemplo. Esto por lo que respecta al calificativo “ignorante” arrojado a Grass. Las críticas consistentes en la habitual imputación de antisemitismo se retratan ellas solas visto lo que escribiera Grass en su opúsculo de 1990 y ya hemos transcrito al inicio de esta entrada. Ningún antisemita -y sólo un zombi alemán de posguerra domesticado por Tel Aviv- pondría eso negro sobre blanco. En cuanto a la acusación de “patético”, lo patético es rebuznar  sobre un supuesto armamento nuclear iraní -cuya existencia tiene la misma pinta que las famosas “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein- mientras se mira hacia otro lado haciéndose el sordo al escuchar la frase “arsenal atómico ilegal de Israel”, una realidad incontestable que ni los propios sádicos sionistas niegan.
!Éste es el contexto internacional, señores cipayos “alemanes” (?) de Sión! !Dejen de revolcarse en el fango como unos marranos a fin de contentar a sus amos de la sinagoga, si es que les queda un poco de dignidad alemana! !Atrévanse a liberar de una santa vez a su país! !Nieguen ya la narración oficial del  holocausto o Alemania perecerá envenenada por semejante brebaje tóxico! Pero no osan volver a ser hombres libres y soberanos (aunque quizá un poco más pobres); tan apegados están a esa mentira, que sus propios compatriotas, si despertaran del sueño, les despedazarían por décadas de infamia y humillación nacional. Han apostado, oh fariseos de la casta política pseudo alemana, antialemana, por la estafa histórico-universal, y todo aquello que cuestione esa farsa, aunque sólo sea en un aspecto infinitesimal del relato (como el poema de Grass), les aterra, les recuerda que la narración fraudulenta puede derrumbarse como un castillo de arena; y, con ella, sus culos por el suelo, sin dietas, sin cargos, sin poltronas… Al desenmascaramiento de la impostura ultraderechista judía, del racismo judío, de la manipulación sionista, llaman “fabricar un contexto internacional incompatible con la realidad”: deberían decir, incompatible con el montaje mediático que han fabricado efectivamente, ellos sí, a golpe de lavado de cerebro colectivo, y de cuyo mantenimiento depende la perpetuación en el poder de los traidores al pueblo alemán.
Jaume Farrerons 6 de abril de 2012
Traducción del poema al castellano de Miguel Sáenz.(“El País”, 4 de abril de 2012):
Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
Publicado porJaumeen6:33 AM
Nota de fuegofrío: Texto copiado de “Filosofía Crítica

Hoy en el diario “El Pais” (Madrid, 15 de abril de 2012), el intelectual judío-francés

Bernard Henri Lévy , con un artículo titulado “La primera muerte de Günter Grass” arremete contra el poema escrito recientemente por el Premio Nobel de Literatura. Para evaluar el alcance del ya famoso “poema” reproducimos seguidamente un post del blog “Filosofía Crítica”:

El escritor alemán, públicamente linchado tras denunciar que Israel puede desencadenar una Tercera Guerra Mundial. En 1999 adquirí un pequeño opúsculo de Günter Grass titulado Escribir después de Auschwitz, traducción al castellano de Schreiben nach Auschwitz (1990). Se opone Grass, com es bien conocido, a la reunificación alemana y, a mi entender, argumenta una de las más penosas teorías antialemanas que nunca haya escuchado. Transcribo literalmente: “quiero, para terminar, enfrentar la ruptura, la quiebra de la civilización que es Auschwitz, con ese deseo alemán de reunificación. En contra de toda tendencia forzada por el estado de ánimo, en contra del poder adquisitivo de la Alemania occidental -un un marco alemán fuerte se puede conseguir hasta la unidad-, sí, incluso en contra del derecho a la autodeterminación, que corresponde indiviso a otros pueblos, en contra de todo esto habla Auschwitz, porque uno de los requsitos para lo monstruoso, junto a otras fuerzas motrices más antiguas, fue una Alemania fuerte, una Alemania unificada. / Ni Prusia, ni Baviera, ni siquiera Austria hubieran podido, por sí solas, desarrollar y aplicar los métodos y la voluntad del genocidio organizado: tenía que ser la gran Alemania. Tenemos todas las razones para tener miedo de nosotros mismos como unidad capaz de actuar. Nada, ningún sentimiento nacional por muy idílicamente que se coloree, ninguna afirmación de buena voluntad de los que han nacido después puede relativizar ni eliminar a la ligera esa experiencia, que, nosotros como autores y las víctimas con nosotros, tuvimos como alemanes unificados. No podemos pasar por alto Auschwitz. No deberíamos, por mucho que nos atrajera, tratar de realizar ese  acto de violencia, porque Auschwitz forma parte de nosotros, es una marca a fuego permanente de nuestra historia y -!como ganancia!- ha hecho posible un entendimiento que podría expresarse así: por fin nos conocemos” (Grass, G., Escribir después de Auschwitz. Reflexiones sobre Alemania: un escritor hace balance de 35 años, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 56-58). Así, Grass encarna al perfecto alemán de posguerra, alemán antialemán que se considera autor del Holocausto (“nosotros como autores”). Vulnerando todos los principios del derecho penal, que limita a autoría a los individuos perpetradores, Grass satisface a la oligarquía resucitando el viejo cachivache preilustrado e irracional de la culpabilidad colectiva. Alemana, por supuesto. Nadie protestó entonces, cuando Grass se describió a sí mismo como genocida. Al contrario: lo hizo en los términos que el estamento político “cipayo” de ocupación gusta de utilizar contra su propio pueblo, al que -moral y materialmente- se dedica a extinguir sobre la faz de la tierra para bien consumar, de modo paulatino e imperceptible, el plan Kaufman/Morgenthau diseñado en 1941 (verdadero desencadenante del holocausto en la medida en que existió algo remotamente parecidoal relato que nos incrusta en el cerebro la prensa y la televisión al servicio de la oligarquía). Por ello, ante tan ejemplar sumisión, encarnada por Grass, resulta sorprendente que alguien pueda siquiera insinuar que el escritor alemán es un nazi, un antisemita o cosa semejante. Pues bien, a pesar de los pasajes transcritos, esa ha sido la acusación que ha recaído sobre Grass. Véase “El Mundo”, 5 abril de 2012:

Si este jueves por la mañana varios intelectuales e historiadores han definido al Premio Nobel de Literatura de “ignorante”, “patético” o “antisemita”, por la tarde ha llegado la polémica a la mesa del primer ministro Benjamin Netanyahu que ha recordado el pasado nazi de Grass, con su paso por las Waffen-SS. Un hecho, según recordó el político, que el autor de ‘El tambor de hojalata’ “escondió durante seis décadas”. / “La vergonzosa comparación moral que hace entre Israel e Irán, un régimen que niega el Holocausto y amenaza con aniquilar a Israel, dice muy poco sobre Israel y mucho sobre el Sr. Grass”, afirma Netanyahu en una reacción contra el escritor alemán y Teherán. / “Es Irán, y no Israel, el que amenaza la paz y seguridad del mundo. Es Irán, y no Israel, el que apoya grupos terroristas que disparan misiles contra civiles inocentes. Es Irán, y no Israel, el que apoya el régimen sirio que masacra a su propio pueblo. Es Irán y no Israel, el que apedrea a las mujeres, ahorca a los homosexuales y reprime brutalmente a decenas de millones de sus ciudadanos”, expresa en un comunicado. / Netanyahu no pasa por alto la confesión de Grass, de 84 años, tras la publicación de su autobiografía hace cinco años en la que relató su alistamiento, de joven, al cuerpo de élite del régimen nazi. “Durante seis décadas, el Sr. Grass escondió el hecho de pertenecer a las Waffen SS y, por eso, quizá no sea una sorpresa que defina al único Estado judío como amenaza más grande para la paz en el mundo y se oponga a su equipamiento de medios defensivos”.
Asombroso, ni siquiera respetan ya a un Premio Nobel, es decir, a uno de los “suyos”. Günther Grass se ha limitado a proclamar, con una extraordinaria e inesperada valentía, lo que piensan millones de personas en Alemania y en el resto de Occidente: la criminal hipocresía de la extrema derecha judía, el racismo supremacista del sionismo, el imperialismo israelí y, en definitiva, la amenaza que la banda asesina de Tel Aviv supone para la paz mundial:
schweige nicht mehr,weil ich der Heuchelei des Westensüberdrüssig bin
No sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de occidente.
Doch warum untersage ich mir,jenes andere Land beim Namen zu nennen,in dem seit Jahren – wenn auch geheimgehalten -ein wachsend nukleares Potential verfügbaraber außer Kontrolle, weil keiner Prüfungzugänglich ist?
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,empfinde ich als belastende Lüge und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,sobald er mißachtet wird;das Verdikt “Antisemitismus” ist geläufig.
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
!Escándalo! !Intolerable! !Blasfemo! !Pretende pensar por sí mismo saliéndose del Esquema Narrativo Obligatorio! !Ofensor del Templo y NAAAAZI! Una termitera de insectos a sueldo de Sión se han arrojado inmediatamente sobre la yugular del escritor. No sólo eso: el delincuente universal Benjamin Netanyahu, jefe de la organización genocida más conocida como “Estado de Irael”, le ha recordado a Grass su pasado en las SS. En suma, asistimos a una comedia teatral del siguiente jaez: “se le otorgará a usted el Premio Nobel, pero siempre que se atenga al guión de Hollywood o, en el peor de los casos, se quede calladito. Si osa protestar, o sea, decir la verdad, tratando con ello de rentabilizar contra el antifascismo la autoridad moral del “prestigioso galardón” (concedido a terroristas judíos) o cuestionar el proyecto ultraderechista hebreo del Eretz Israel, de forma automática pasará usted a transmutarse súbitamente en un nazi indigno y, como tal, se le retirará el derecho de tomar la palabra desde el ‘lado correcto’ de la vida.” Porque “la palabra” está habitualmente comprada, pero cuando incluso el mecanismo de bochornosa autocensura no funciona, entonces, como un resorte, se desencadena el recurso a la difamación. Hemos conocido muchos casos similares, Günther Grass no es el primero ni será el último.
“Serví en las SS”
Günther Grass, “preceptor moral de Alemania”, confesó muy tardiamente, en 2006, y poco antes de publicar su autobiografía, que con 15-17 años había servido en las SS. Bien, ¿y qué? ¿No pactaron y colaboraron los fundadores del actual Estado de Israel nada menos que con la cúpula del III Reich? ¿No les ofrecieron a los SS alianza contra sus adversarios occidentales a cambio de la aplicación del programa sionista, que coincidía sin más con el programa nazi: expulsión de los judíos, traslado a Israel? ¿No se puso en marcha ese plan conjunto nazi-sionista hasta que el estallido de la guerra hizo imposible su continuidad? ¿No se emitió una medalla conmemorativa que hermana la Esvástica con la Estrella de David? ¿No intentaron entonces los nazis “librarse” de los judíos transportándolos a Madagascar? ¿No fue a la sazón precisamente Inglaterra la que imposibilitó la operación? Si los propios dirigentes israelíes han sido colaboradores de los nazis, si hasta el propio Habermas, cumbre del pensamiento filosófico alemán de izquierdas, tuvo que comerse una carta en la que cantaba loas al régimen nazi, ¿por qué iba a resultar tan especialmente grave que un muchacho alemán de la época se alistara en las SS? ¿Todavía no nos hemos enterado de que medio mundo fue nazi o pronazi, empezando por los propios sionistas? ¿De que en aquel tiempo el nacionalsocialismo arrastró a millones de personas de decenas de países, entre las cuales no sólo se contaban adolescentes inmaduros, sino, por ejemplo, la cumbre de la filosofía del siglo XX, Martin Heidegger (o Ferdinand Céline, Ezra Pound, Knut Hamsun y tantos otros)?
Nueva confusión imperdonable de Grass, según “El Mundo”, 4/4/2012: “Un poema de un ex SS,¿quién lo publicará?:
En septiembre de 2011, cuando ‘Pelando la cebolla’ fue traducido al hebreo, Grass desesperó a sus lectores israelíes al confundir, en una entrevista con el diario ‘Haaretz’ la cifra de soldados alemanes muertos en la Unión Soviética durante la Guerra Mundial. El escritor habló de seis millones de víctimas, cuando la cifra de consenso es de menos de dos millones de víctimas. ¿Confusión? La cifra de seis millones coincide con la del número de judíos muertos a manos de los nazis.
Quizá Grass esté empezando a comprender lo que en miles de blogs como Filosofía Crítica y en todo el mundo se viene repitiendo desde hace años a tenor de una simple lectura de libros de historia, obras que se encuentran ya en todas las bibliotecas públicas, pero que los medios de comunicación mantienen ocultos a las grandes masas que “no leen libros”, es decir, a aquellos que construyen su imagen del mundo a partir de la información selectiva que la televisión les transmite. Tal vez Grass haya entrado en un proceso de lento deslizamiento hacia posiciones antisistema y eso se nota incluso en sus “confusiones”… Porque Grass erró quizá el número de prisioneros alemanes exterminados en la URSS, pero se quedó cortó si a esos prisioneros sumamos las víctimas de los bombardeos terroristas aliados y las víctimas alemanas de posguerra, que suman, como mínimo, 8 millones de personas.
Pero lo más repugnante de todo el asunto es que, como venimos subrayando, en 1990 ya había Grass concedido de alguna manera su participación colectiva en el presunto Holocausto cuando habla de “nosotros, los autores”, refiriéndose a los alemanes. ¿No resultaba esto mucho más serio, moral y políticamente hablando, que servir como menor de edad en la SS sin disparar un solo tiro? Desde luego, antójase mucho más grave el mea culpa de 1990, pero éste rezumaba el aroma de lo políticamente correcto, mientras que una cosa muy diferente sería el hecho que un ex SS ostente el Premio Nobel y, de propina, se atreva a criticar a Israel. !Un SS no puede ser “inocente” aunque no haya cometido delitos pues la SS fue declarada, en su conjunto, una organización criminal a cuya mera pertenencia acarreaba una imputación de culpabilidad! ¿Hay SS “inocentes” y, además, escritores geniales? Grass mismo es la escandalosa prueba de ello. Así, mientras pisoteaba a Alemania, observamos que Grass no era culpable de genocidio a pesar de incluirse simbólicamente entre los perpetradores de Auschwitz. Pero Grass pasa a convertirse en un antisemita, a título individual, a pesar de que no hubiera cometido ningún crimen, por haber vestido el uniforme SS. Curiosa inversión del sentido del derecho y de la moral.  ¿La diferencia? !La política, sólo la política, que actualmente decide a placer sobre tales significados! Cuestionar la ingeniería racial -limpiza étnica, exterminio selectivo, deportación, colonización- de Tel Aviv lo cambia todo. Constatamos, en definitiva, por enésima vez, el torticero funcionamiento del universo mental antifascista, un mundo orwelliano en el que se pasa ad hoc de Premio Nobel a no-persona (“nazi”) en cuestión de horas y en función de los intereses, instantáneos y cambiantes, del régimen oligárquico.
Crítico del sistema capitalista liberal
Günther Grass no se ha limitado a vulnerar el tabú que prohibe a las personas “decentes” (=fariseos de la oligarquía) cualquier crítica de la política islaelí, también se atrevió a cuestionar el sistema en su conjunto en una entrevista tan polémica como veraz que parecía iniciar el camino de una disidencia:

Gunter Grass: “Urge poner en cuestión el sistema en su conjunto”

El patriarca de la literatura alemana arremete, indignado, contra la degeneración de la democracia
A sus 83 años, Günter Grass se muestra más enfadado que nunca. El patriarca de la literatura alemana arremete contra los bancos yel sistema financiero que, dice, anulan la democracia y secuestran a gobiernos y parlamentos. Grass se mete con los medios de comunicación, que para ser conformistas ya ni siquiera necesitan censura, denuncia la inadvertida transformación del ejército alemán en una máquina orientada hacia la intervención exterior y compuesta por “mercenarios”. La ocasión fue el décimo aniversario de una asociación de periodistas de Hamburgo, en la que el Nobel de literatura 1999 pronunció un discurso en plena sintonía con los indignados europeos.
En primer lugar los bancos. Sus directivos y grandes accionistas forman, “una sociedad paralela”, dice Grass. Los bancos viven “una vida propia”. “Las consecuencias de sus economías basadas en el riesgo, las pagan los contribuyentes”. “Han tomado como rehenes al parlamento y al gobierno”, pero son insaciables y “siempre están hambrientos”.
También los medios son prisioneros. Para extorsionarlos ya no se precisa censura, “basta con negarles publicidad”, dice. En esas condiciones es imposible “explicarle a la opinión pública los abusos de poder de los lobbies”. Contra ellos hay que interponer “estrictas barreras” de protección alrededor del Bundestag, el parlamento alemán, para poder mantener a raya a los lobbistas.
“La degradación de los ciudadanos de la antigua Alemania del Este y sus descendientes a la condición de alemanes de segunda clase se ha convertido en un hecho tan evidente que la mayoría de los jóvenes abandonan sus ciudades y se van al oeste. Algunas regiones empiezan a despoblarse y muchas veces los que se quedan son los radicales de extrema derecha, que son lo que dan el tono en las zonas abandonadas”, denuncia el escritor. Mientras tanto, Alemania pretende aplicar en Grecia una medicina de fideicomisos y privatizaciones, no muy diferente a la que condujo a esos resultados en Alemania del Este.
“La creciente deriva hacia una sociedad de clases con una mayoría empobrecida y una grasienta minoría rica, la montaña de deudas cuya cima está cubierta por una nube de ceros, la incapacidad y manifiesta impotencia del parlamento electo frente al poder de los lobbies y al completo dominio de los bancos”, todo eso, dice Grass, “nos urge a hacer algo inaudito: poner en cuestión el sistema en su conjunto”.
El capitalismo neoliberal , dice, “ha degenerado en una máquina de destrucción del capital, bien lejos de los éxitos de la economía social de mercado”.
Es un “Moloch asocial”, que “ninguna ley puede atajar”, dice. Y se plantea la pregunta: ¿tiene aun la democracia parlamentaria la fuerza y la voluntad de contrarrestar esta decadencia, o vamos a continuar manteniendo en el ámbito de lo no vinculante todo intento de reforma de los bancos con la excusa de que “eso sólo se puede arreglar a nivel global”?
Rafael Poch
La Vanguardia, 9 de agosto de 2011
No hace falta ser un monstruo para padecer la imputación de “fascista” (=criminal), acusar a Israel de abrigar intenciones criminales y reconocer a voz en grito que el sistema actual es un fraude. Hasta un Premio Nobel puede compartir estos rasgos con nosotros, pobres ratas de la RAO (Resistencia Anti-Oligárquica). Pero ya vemos que ni siquiera a Günther Grass le permiten disentir sin deshonor ni rabiosa diabolización. Como reconoce el sociólogo de izquierdas James Petras, el sionismo es el estalinismo de nuestro tiempo. La campaña de linchamiento resulta poca cosa, comparado con lo que nos espera, pero los latigazos del dispositivo oligárquico tienen también un efecto pedagógico: al obligarles a quitarse la máscara, los torturadores ya no pueden llenarse la boca con la bazofia de la “democracia” y los “derechos humanos”. Los torturadores están sentados en las poltronas. Los torturadores son los antifascistas. Y, al igual que bajo el régimen de Stalin, los disidentes serán acusados de “fascistas”, no importa qué méritos, morales o intelectuales, presenten en su descargo.
http://www.deia.com/2012/04/05/mundo/grass-se-enfrenta-al-tabu-aleman-y-acusa-a-israel-de-peligro-para-la-paz-mundial
http://www.diariodenavarra.es/noticias/mas_actualidad/cultura/2012/04/04/gunter_grass_arremete_contra_israel_76092_1034.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/04/cultura/1333548535.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/05/internacional/1333640960.html?cid=GNEW970103
http://elpais.com/elpais/2012/04/05/opinion/1333620984_583657.html
http://www.sueddeutsche.de/kultur/gedicht-zum-konflikt-zwischen-israel-und-iran-was-gesagt-werden-muss-1.1325809
Günther Grass defiende su poema ante los ataques de la termitera sionista:
http://www.cuartopoder.es/detrasdelsol/las-razones-de-gunter-grass/1613
http://www.dw.de/dw/article/0,,15864033,00.html
A continuación esbozamos algunas de las líneas maestras que se presentarán ante los órganos del partido, para ser aprobadas, como documento provisional de medidas políticas de urgencia. Preténdese afrontar con ellas la situación de crisis que atraviesa nuestro país. Evidentemente, dichas medidas no agotan todos los capítulos de una virtual Declaración Programática de la INTRA y, además, ostentan en algunos casos un carácter meramente coyuntural, pero, a tenor de las terribles circunstancias históricas que a todos nos afectan, consideramos nuestro deber coger el toro por los cuernos, como se dice en España, y explicarles a los ciudadanos cuál es, a nuestro entender, el único camino para superar la presente debacle nacional y, sobre todo, para evitar que vuelva a repetirse este auténtico expolio de la población con que se ha saldado la hegemonía del capital financiero a escala planetaria.
 
Los políticos profesionales están promoviendo medidas de austeridad que, en algunos casos, podrían resultar necesarias, pero que pasan por alto aquéllo que constituye la percepción común de casi todos los ciudadanos de este país afectados por la crisis: la propia responsabilidad del estamento político en el desencadenamiento del desastre. Por este motivo, entendemos que los políticos actuales, que han tenido la oportunidad de manifestar ante el pueblo una voluntad de cambio radical aboliendo sus vergonzantes privilegios estamentales, en lugar de ello han apelado a la teoría del “chocolate del loro” para continuar saqueando el erario público y disfrutar de prebendas que constituyen un insulto para los millones de familias deshauciadas y sin trabajo que ellos mismos, por activa o por pasiva, han arrastrado a la ruina. Los políticos no entienden, ni quieren entender, que con la abolición de sus bochornosas bicocas y corruptelas no se plantea sólo una cuestión cuantitativa, sino ante todo una exigencia cívica y política, cuando no moral. Pero sus oídos sordos al clamor popular van a desencadenar, tarde o temprano, la violencia civil. A fin de evitarla conviene canalizar este legítimo odio de la ciudadanía a los actuales políticos parlamentarios e institucionales -sin excepción- mediante cauces legales y pacíficos de depuración democrática.
 
En consecuencia, entendemos que el entero estamento político actual debe abandonar sus cargos, por las buenas o por las malas. Los políticos que renuncien, serán respetados a título individual. A los que se nieguen a dimitir, propondremos que sean procesados penalmente y, llegado el caso, multados, inhabilitados y encarcelados. Visto que, desde el punto de vista legal, no pueden aplicarse normas restrictivas de derechos con carácter retroactivo (aunque así se hizo en Nüremberg con los nazis), se juzgará a los politicastros corruptos de esta “democracia” oligárquica de acuerdo con la legislación vigente en materia de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Dichas leyes no prescriben nunca y, ya sea por responsabilidad directa, ya por omisión del deber de perseguir delitos, colaboración después del hecho, banalización o ensalzamiento, todos los políticos de la fenecida monarquía española pueden ser imputados según las mismas normas que ellos han venido aplicando a los nazis a lo largo de décadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
 
 

Una vez abierta esta Causa General y un macrojuicio -así como una serie de juicios menores- que se celebrará en la capital del Estado, la INTRA propone reformar la ley de partidos políticos a fin de impulsar la democratización de los mismos y su control por parte de las bases. De esta reforma debe surgir una nueva generación de representantes parlamentarios, siendo así que la intención de la INTRA no es establecer una dictadura, sino lograr, mediante hercúleo esfuerzo ciudadano, que la democracia parlamentaria y el Estado de Derecho -entendido como imperio de la ley- funcionen de verdad.

 
En este sentido, esbózanse las siguientes directrices generales:
 
Abolición de todos los privilegios de que se ha aprovechado abusivamente el estamento político corrupto: dietas, tarjetas de crédito a cargo del contribuyente, coches oficiales, jubilaciones de oro, dobles y triples fuentes de ingresos, tráfico de influencias, nombramiento discrecional de ayudantes y asesores, impunidad del absentismo laboral…
 
Introducción en el código penal del tipo penal de “corrupción política”, en virtud del cual se pueda procesar a los políticos profesionales que utilicen su cargo para el tráfico de influencias y los negocios ilegales, de manera que no sean sólo sus cómplices y subordinados quienes entren en la cárcel, sino los auténticos responsables beneficiarios de la corrupción, a saber, los máximos dirigentes de los partidos políticos del sistema monárquico español.
 
Abolición de la potestad de indulto cuando pueda beneficiar a políticos, banqueros, altos cargos y funcionarios corruptos. La ley de indulto sólo se aplicará a ciudadanos imputados por delitos comunes y únicamente cuando existan motivos humanitarios que lo justifiquen.
 
Independización del poder judicial. Los altos cargos de la judicatura y sus órganos disciplinarios reguladores, así como la fiscalía, serán provistos por elección popular. El ejercicio de la profesión jurídica inhabilitará para la política y, a la inversa, el de la política para profesión jurídica.
 
Los políticos profesionales retirados de la actividad pública no podrán entrar a formar parte de empresas, consejos de administración o enteros ámbitos de negocio con los que hayan tenido la más mínima relación durante el ejercicio de su cargo.
 
El régimen retributivo de los políticos profesionales no podrá jámás, en ningún lugar o institución, ser fijado discrecionalmente por los propios interesados, sino que la constitución, refrendada por todos los ciudadanos, y una ley orgánica, fijará los límites estructurales de dicho régimen, en correlación con el salario mínimo interprofesional, así como los mecanismos objetivos de actualización.
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Medidas adicionales de recorte y ahorro

 
Abolición, vía referendum, de la Monarquía, abdicación del rey y, por ende, derribo de la Casa Real. El Estado Hispánico se constituirá como República Hispánica del Trabajo bajo un régimen presidencialista.
 
Abolición del Senado.
 
Abolición de las Comunidades Autónomas.
 
Abolición de los organismos locales, comarcales y municipales que generen duplicidades administrativas.
 
Abolición de las leyes reguladoras del régimen municipal que han hecho posible la corrupción y el despilfarro en este ámbito crucial de la vida pública.
 
Abolición de las subvenciones públicas a partidos políticos, sindicatos y asociaciones patronales.
 
Abolición de la institución del liberado sindical y de las juntas de personal. Reforma de la ley de libertad sindical a fin de poner las organizaciones sindicales bajo el control de las asambleas de trabajadores.
 
Abolición de las subvenciones a ONGs, asociaciones y demás entidades privadas parasitarias del erario público.
 
Abolición de toda la red de organismos, empresas mixtas y concertadas, institutos y otras entidades que, a caballo entre lo público y lo privado, han venido sirviendo para colocar a los miembros de la oligarquía o a sus familiares, amigos y correligionarios, adjudicándoles cargos totalmente innecesarios y altamente retribuidos en detrimento del erario público.
 
Abolición de la normativa vigente sobre nombramiento de altos cargos y asesores. Dichos puestos serán ocupados por funcionarios mediante concursos públicos de selección y promoción del personal regidos por criterios objetivos de mérito y capacidad.
 
Reforma de las leyes que regulan el acceso a la función pública a fin de garantizar la imparcialidad, actualmente harto dudosa, de los órganos de selección.
 
Restauración de la figura del funcionario público como garante de la ley. El funcionario no dispone de una plaza fija, ganada por oposición, debido al puro capricho del legislador. La persecución (acoso laboral) del funcionario por parte de políticos, compañeros o sindicatos será un acto constitutivo de delito muy grave contra el cual actuará de oficio la Inspección de Trabajo, que presentará denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción. La erradicación del mobbing constituye, en efecto, un requisito para acabar con la corrupción política, la cual siempre debe, antes de cometer el fraude, torcer la voluntad del funcionario honesto a fin de poder burlar silencionsamente la norma legal. Al no poder despedirlo, precisamente debido a su condición de empleado fijo por ley, el político corrupto recurre a la violencia psicológica contra los funcionarios legalistas, en muchos casos con la colaboración de sindicatos subvencionados por el poder que operan como una auténtica jauría de perros al servicio de la casta oligárquica. Estos hechos desencadenan, a la postre, el absentismo laboral de los funcionarios más preparados y honestos, que renuncian a su profesión con la salud dañada por años de vejaciones impunes. La pugna entre el estamento político corrupto y el funcionariado legalista se salda así con el encarecimiento y la ineficacia del servicio, a lo que se añade la promoción de funcionarios corporativistas “leales” a los jefes y altos cargos. La valía del trabajador público se mide entonces por su grado de sumisión política, de manera que la pereza, el incumplimiento del deber, adquiere un signo positivo. El personal funcionario que sobrevive en este ambiente fétido acostumbra, en consecuencia, a estar formado por dóciles ineptos ansiosos de trepar en la escala jerárquica lamiendo las manos de sus amos, cuando no por auténticos delincuentes que hacen suyo el ejemplo inmoral de los politicastros que les han apadrinado. A largo plazo, el resultado de todos estos procesos de descomposición interna es la quiebra moral y económica de la administración del Estado.
 
Constitución de un órgano unitario, transparente y objetivo para la selección del personal interino mediante pruebas objetivas de mérito y capacidad. El interinaje no podrá ser considerado un mérito a la hora de opositar a plazas de funcionario de carrera, aunque sí se tendrá en cuenta una vez obtenida la plaza a efectos de concursos y promociones internas. El objetivo de esta medida es que no sean decisiones puramente ejecutivas y, por tanto, políticas, las que determinen, en última instancia, la provisión de los puestos de personal funcionario. Esta ley no tendrá efectos retroactivos ni afectará, por tanto, a los que ya sean o hayan ejercido como funcionarios interinos.
 
 
Otras medidas de reforma, regeneración y refundación nacional
 
La crisis no es sólo el resultado de la complicidad, por activa o por pasiva, de la casta política nacional, sino de una serie de poderes económicos externos que, actuando en la sombra, están controlando las naciones mediante la gestión e implementación constante de la deuda. Para combatir estas auténticas agresiones alevosas, el Estado aprobará una Ley de Seguridad Nacional que permitirá detener, juzgar y, en su caso, ejecutar in situ a los miembros de la oligarquía. En este sentido, conviene recordar que dichas leyes ya existen en muchos países “democráticos” occidentales y se utilizan para la eliminación selectiva directa, sin juicio, de presuntos terroristas (recordemos la ejecución de Osama Bin Laden por el “premio Nobel de la paz” Barack Obama). Habilitaremos democráticamente leyes idénticas para aplicarlas a los auténticos terroristas, a saber, los miembros de la oligarquía transnacional responsables de la miseria de millones de personas en todo el mundo.
 
Democratización de las instituciones comunitarias o, en su defecto, abandono del euro.
 
Alianzas internacionales con países no sujetos a la órbita de la oligarquía occidental: Venezuela, Irán, Rusia y China. Promoción de una alianza intercontinental con los países iberoamericanos y apoyo a los movimientos nacional-revolucionarios en Francia, Alemania e Italia. Constitución de un Fondo Internacional de Ayuda al Tercer Mundo fuera del marco del FMI y la ONU para el desarrollo de los países afectados por hambrunas masivas, epidemias y otras lacras sociales. Esta medida tiene como finalidad atajar las causas de los flujos migratorios de causalidad económica mediante la reforma de las situaciones que los provocan.
 
Punto final al colonialismo: ruptura de relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y ultimatum para recuperación de Gibraltar (no se descarta el uso de la fuerza). Pacto de asistencia militar mutua con la Argentina para la descolonización de las Islas Malvinas.
 
Revisión oficial de la narración actual del holocausto y de la historia (académica) contemporánea. Abolición de las leyes que persiguen la libertad de expresión en esta materia. Los fascistas no cometireron más crímenes que sus adversarios: todos los bandos en conflicto fueron responsables de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Aprobación de una nueva ley de Memoria Histórica que promueva los criterios de objetividad, racionalidad y neutralidad científica en la investigación historiográfica y las evocaciones colectivas del pasado, favoreciendo la reconciliación entre los pueblos de Europa en  lugar de fomentar y despertar viejos odios adormecidos por el tiempo. La verdad racional constituye el valor supremo de la vida pública de una sociedad civilizada.
 
Abolición de la ley de la violencia de género y procesamiento de sus promotoras por vulneración de principios constitucionales básicos.
 
Abolición de la ley del aborto. Las mujeres que hayan quedado embarazadas y que, por motivos que una ley regulará, no puedan hacerse cargo de sus hijos, los entregarán al Estado en adopción. El aborto ilegal, excepto en casos regulados por ley (violación, inmadurez mental de la madre, etc), será constitutivo de delito.
 
Estatalización de la enseñanza, la sanidad y la vivienda, entendidos como bienes básicos de la población que no pueden depender de los azares y vaivenes del mercado.
 
Constitución de una Banca Pública Estatal que promueva la economía nacional mediante créditos a bajo interés.
 
Ley reguladora de los medios de comunicación públicos para asegurar su independencia de los partidos políticos y de los intereses empresariales.
 
Ley reguladora de los medios de comunicación públicos y privados que garantice la independencia de los profesionales del periodismo en lo que respecta a la veracidad y objetividad de la información. Un código deontológico y un comité ético supervisará las informaciones que hayan sido silenciadas o rechazadas a fin de encubrir intereses ílegítimos o de manipular a la población. Los periodistas que incurran en faltas de lesa veracidad podrán ser inhabilitados por la vía penal.
 
Tipificación penal de la vulneración de frontera y pena de expulsión e inhabilitación a perpetuidad para la adquisición de la ciudadanía hispánica de los inmigrantes ilegales.
 
Tipificación penal del dumping laboral con agravante de explotación de mano de obra extranjera legal o ilegal.
 
Reforma de la Inspección de Trabajo a fin de blindar su independencia y promover la beligerancia de este organismo en defensa de los intereses de los trabajadores. Creación de la figura del agente inspector laboral de calle.
 
Repatriación de aquellos inmigrantes cuya presencia comporte la implantación en el territorio nacional de formas culturales incompatibles con la democracia y los derechos humanos.
 
Ruptura de relaciones con el Estado de Israel, que será declarado organización criminal responsable de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por sus prácticas de “limpieza étnica” en Palestina.
 
Programa de fomento demográfico al que se acogerán libremente las familias de nacionalidad española cuyos miembros puedan acreditar un arraigo superior a dos generaciones.
 
Supresión de las ayudas sociales a extranjeros extracomunitarios, legales o ilegales, mientras dure la crisis. Programa de repatriación masiva, voluntaria e incentivada de inmigrantes legales.
 
Ilegalización de los partidos políticos en cuyos programas se promueva la segregación de territorios del Estado.
 
Las cuatro lenguas hispánicas (catalán, castellano, gallego y vasco) serán declaradas oficiales en todo el territorio del Estado.
 
Acercamiento diplomático a Portugal y propuesta de Federación Ibérica con capital en Lisboa.
 
El aprendizaje de la lengua castellana y de una, al menos, de las otras lenguas hispánicas, será obligatorio en todo el territorio nacional.
 
La capitalidad de la República Hispánica del Trabajo será fijada en Barcelona. Esta medida y las anteriores sobre las lenguas hispánicas deben poner fin a la recurrente querella del catalanismo y del secesionismo vasco.
 
La bandera del Estado Hispánico incluirá la franja morada de Castilla en lugar de la franja roja inferior y se diseñará un nuevo escudo nacional que marque simbólicamente la ruptura tanto con la monarquía borbónica cuanto con la dictadura franquista.
 
La República Hispánica del Trabajo se constituye como Estado unitario, social, democrático y laico. La Iglesia Católica, así como el resto de las confesiones religiosas, son instituciones privadas y no recibirán subvenciones estatales de ninguna clase.
 
Exilio de la familia real. Los casos de corrupción que afecten a sus miembros serán juzgados mediante una ley especial que permita levantar la inmunidad del monarca sin violar los principios jurídicos más elementales.
 
Abolición de la actual reforma laboral y restablecimiento de los derechos básicos de los trabajadores. Procesamiento y encarcelamiento de los resposables de dicha norma criminal por vulneración de preceptos constitucionales básicos como el de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, así como la totalidad de la preceptiva social del “Estado social y democrático de derecho”.
 
Convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para la reforma de la Constitución en un sentido de impulso democrático y reforzamiento de los derechos humanos, civiles y políticos de los ciudadanos.
 
El gobierno sólo podrá emprender recortes en los derechos sociales y laborales de los ciudadanos, si fuere necesario, una vez adoptadas las medidas anteriores, que constituyen una depuración, justa y necesaria, de los verdaderos responsables de la crisis, así como una reforma integral de los fundamentos políticos y simbólicos de la nación.
 
La finalidad de todas estas medidas es la restauración ética de la ciudadanía y del orgullo patriótico como requisito insoslayable para la adopción de un programa económico de ajuste duro capaz de sacar al país de la crisis. Sólo con el trabajo podremos levantar España. Y los trabajadores estamos dispuestos a trabajar, pero no para engordar a los cerdos, incompetentes y parásitos que nos gobiernan. Toda esa piara tiene que dimitir y, si le queda algo de dignidad, abandonar el país. Són entre 20.000 y 30.000 piojos o sanguijuelas que, desde el congreso de los hijos de puta a los ajuntamientos, representan la verdadera lacra que enferma y pudre el tejido social hispánico. Una vez nos hayamos librado de esta plaga, empezará una nueva época para la nación y entonces habrá que arrimar el hombro, pero ya con dignidad y alegría, al servicio de la sagrada comunidad patria.
 
!POR LA PATRIA, EL PAN Y LA JUSTICIA!

ESTA ES LA SOLUCIÓN: !!!POLÍTICOS AL PAREDÓN!!!
 
Coordinadora para una Izquierda Nacional
1º de abril de 2012
 
 
 

domingo 1 de abril de 2012

Nota de Fuegofrio: Este texto está copiado del blog INTRA. (Izquierda Nacional de Trabajadores).

FUENTE: http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com.es/

 También se publica este manifiesto en el blog FILOSOFíA CRíTICA, de Jaume Farrerons.

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